Hace de todo, no pitea por nada

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este es el testigo y cómplice

viernes, 22 de abril de 2011

Maldito Viernes Santo

El corazón de los cristianos este día culmina con la tristeza y la procesión del Santo Sepulcro. La plaza de armas muestra su hermoso paisaje nocturno. Las luces destacando la maravillosa arquitectura de la catedral, Palacio de Gobierno, Municipalidad de Lima y otros.


El primer año que asistió en Semana Santa le robaron la billetera con todos sus documentos, y algo de efectivo. Lo que más le jodía eran los documentos; por los fastidios de tiempo, trámites, dinero e imposibilitado de hacer la vida normal. Hoy en día las tarjetas le daban comodidad y seguridad para sus compras y escapadas furtivas.

Fue durante la procesión cuando se acercó al anda y entre el tumulto se hacía camino. Tocó el anda, se persignó y pidió por la familia y que el gobierno de turno lo mantuviera de funcionario público.
La enorme mujer que estaba detrás de él le codeó con fastidio, pero sonrió cuando Mateo como caballero le mostró los dientes. A la mujer se le apagó la vela, y las de sus lados comedidas se lo prendieron. Por un segundo pensó que una de ellas era una simpática vecina del barrio.

Entregó a su mujer una flor y se marcharon a casa, donde pagó al no encontrar la billetera en el bolsillo posterior del pantalón. El lamento y la cólera estaban de más.


El segundo año también fue víctima de un robo de otra billetera de cuero, con documentos y tarjetas. Hace un año que fue a la procesión del Viernes Santo, Santo Sepulcro. El enorme y luminoso ataúd, apesadumbrado caminaban los feligreses. La banda de músicos lo hacia más triste. Mateo guardó la cartera entre la correa y su notoria barriga, a un costado del ombligo.


Acompañaron una eterna cuadra, con la lentitud de la esperanza del pobre. Mujer del brazo, primero, y luego adelante cuando al oido su mujer le dijo que había sentido un manoseo entre las piernas . Allí nomás fue que sintió que por dentro del pantalón caía algo. Apretujado e incómodo intentó sostenerlo. Las mujeres de adelante y la pareja de atrás no podían evitar el remolino lento y soporifero. Intentó voltear, imposible. Todos rezaban y murmuraban. El resto los arrastró un poco y luego salieron. A quién echar la culpa. Atrás quedaron viendo el mar humano con su lento caminar.


El tercero y último año regresó para "atraparlo" y no le robaron. Llevó a su hijo, su yerno, un amigo fortachón y advirtió a un policía de la plaza para que no lo perdiera de vista, "por estas temporadas la delincuencia crece", dijo y grabó en su celular algunas imágenes.


Había mucha gente, gente con fe, y muchachas con sus parejas, con amigos. Y la cucufatería que no falta. Pero...No le robaron.
Comieron anticuchos, dulces, fueron al cerro San Cristóbal y luego a casa, rieron duro y se burló de lo que le haría al ratero de encontrárselo.

Llegó a casa, abrió la puerta y prendió las luces. En fila, admirados se detuvieron. No estaban los artefactos que estaban a la vista y a la mano, y el alboroto era visible. Sólo el gato Maik el atrazador, se estiró al verlos. !Ah!, y encontró el silencio y sus billeteras con todo sus documentos sobre la mesa del comedor.


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Enviado desde mi BlackBerry de Claro.

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