Hace de todo, no pitea por nada

Hace de todo, no pitea por nada
este es el testigo y cómplice

domingo, 17 de abril de 2011

La banda

Era fiesta, de hecho. Sino q hacían un domingo, cinco bandas de músicos, 5 yunzas y como dos mil personas en un local de los huatinos.
Llegué acompañando a Marco, con quien ya teníamos unas botellas adentro, consumidas en El Andén.
Cada banda era una ejército de músicos, 25 aproximadamente. Se diferenciaban por las camisas. A un extremo una de ellas tocaba a todo pulmón, pero se perdía y confundía y tocaba a la que teníamos a un costado. Sabían su negocio y la gente bailaba y bailaba. Nadie estaba sobrio, menos los q se iban, pero sí los que llegamos, bordeando las 9 de la noche.

Desde q entramos, una banda era la dictadura. Eran imparables, ni para sus necesidades fisiológicas: 10, 20, 30, 40 minutos, la gente pedía otra banda, otra música, otros músicos.
La banda de mi otro costado ya quería tocar, porque la gente lo pedía, pero su timorato y menudo director no sabia ordenar a sus músicos -quienes esperaban las órdenes- aunque, alguno de ellos, borracho ni obedecía por seguir tomando. Mientras, la última yunza a jalones de sus ramas se tiraron abajo y se generó una trifulca por ganarse los objetos que colgaban.
Un trombonista de vara se sumó solidariamente, también un bombista.
- Estos carajos ya cobraron y no dejan tocar a otro. Que mierda se creerán, dijo algún borracho, molesto pero sin dejar de bailar. Las cajas de cervezas vacías se amontonaban por docenas en la pared donde nos apoyábamos. Los baños inundados y la de mujeres con sus colas interminables.

Atento y preocupado se sumó un tipo con mochila negra a la espalda. Qué pasa carajo, dijo balbuceando. Dobló su brazo por el hombro, abrió sin mayor dificultad el cierre -excepto por la cara deforme que puso-. Ante la mirada de muchos que protestaban y otros seguían bailando, sacó dos enormes platillos. Mochila abierta, el platillero desconocido se quedó delante de los indecisos músicos, y parándose con dificultad, chasqueó los platos con ritmo y despertó a los músicos, quienes empezaron a seguirlo -con el pie se daba el compás- y el director entrando al ritmo indicó un tema y se armó la bulla de ese ejército musical.

Marco bailaba con cerveza en mano y muchos celebramos y apludimos y bailamos y chupamos y seguimos bailando..

Ya se habían bajado a jalones y empujones la segunda y tercera yunza.



10, 20, 30, 40 minutos, nosotros ya estabamos más borracho, y las otras bandas querían tocar.
El borrachín de la mochila negra cogió sus platillos y se fue rumbo a la otra banda y ...
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Enviado desde mi BlackBerry de Claro.


Foto de internet D.R


Esta  no es la foto de esa fiesta, había más gente y yunzas.

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